La verdad está afuera

La U goleó merecidamente a Curicó Unido. Walter Montillo mostró un nivel superlativo, Joaquín Larrivey exhibió pólvora goleadora, Angelo Henríquez registró un alto nivel. En la calurosa tarde del sábado todos querían que el partido terminara pronto y no solo por la abultada victoria azul, sino porque el ambiente estaba tenso. Mientras en cancha jugaban azules y curicanos, afuera había incidentes graves.

Adentro se jugaba. La U estiraba su ventaja. Cerca del cierre, ingresó un grupo importante de guardias y Carabineros. En los últimos minutos la atención se fue a la galería sur. Hasta ese minuto, sin inconvenientes. Comenzó la lluvia de proyectiles y asientos. En el terreno, Larrivey seguía su racha goleadora. Se terminó el partido. Apenas. Todos se querían ir, aunque afuera el escenario era peor. Era violento.

Dentro del estadio la entrada, el desarrollo y la salida de los hinchas fue en paz. Afuera, incidentes antes, durante y después.

La primera fecha del fútbol chileno se jugó sin incidentes en ninguna de las canchas del país. Todos los que queríamos que el fútbol volviera respiramos aliviados. Hinchas, jugadores, entrenadores, aficionados, periodistas, dirigentes. Tuvimos la suerte de ir a un par de estadios y percibir la satisfacción de volver a ver un partido en vivo y en directo.

¿Qué pasó entre la primera y la segunda fecha? Murió una persona. No es una estadística, no es una cifra que se incluye en una planilla. Es una vida, tan valiosa como todas. Jorge Mora no falleció en el estadio sino en las afueras del Monumental tras el partido entre Colo Colo y Palestino. Para ser precisos, murió arrollado en la esquina de Exequiel Fernández con Departamental. Fue atropellado por un camión de Carabineros que no se detuvo a auxiliarlo. Según la versión policial, huía tras ser agredido en los alrededores del recinto de Pedreros.
No fue una pelea entre barristas. No fue una acción de violencia protagonizada por las barras bravas, como hemos visto muchas veces a lo largo de los años, con increíble indiferencia por parte de las autoridades de todos los ámbitos. No. Esto responde a una situación social y política que se arrastra por meses, años, décadas.

Al día siguiente del fallecimiento de Jorge Mora, las autoridades políticas respaldaron a Carabineros, antes de cualquier investigación. No hubo un pésame a la familia del fallecido. No hubo condolencias. El foco estaba en el orden público. Tras la muerte de Jorge Mora, la jueza Andrea Acevedo tomó las medidas cautelares correspondientes a un cuasi delito de homicidio. Pero cuando se hacen llamados públicos a la paz, la magistrada realizó un verdadero juicio público a Jorge Mora. Antes de cualquier investigación asumió conductas del fallecido por la camiseta que vestía, la barra que supuestamente integraba, los amigos que tenía, el lugar desde donde provenía. Insinuó, incluso, que estaba bajo los efectos del alcohol. Sus declaraciones generaron malestar en la Asociación de Magistrados y en el propio presidente de la Corte Suprema. Cuando existen llamados transversales a la paz, la jueza Andrea Acevedo cae en aquellas actitudes que generaron buena parte del estallido social: la discriminación, el prejuicio por tu lugar de origen, el color de tu camiseta, tu entorno, las diferencias sociales marcadas y profundizadas.

La muerte de Jorge Mora fue usada por algunas barras como bandera de lucha. En Coquimbo no se pudo jugar. En el Nacional se terminó apenas. Pero mezclar el fenómeno social con las barras bravas es unir dos cosas diferentes. Razones distintas, causas distintas, orígenes diferentes, soluciones de otra cuerda. Cuando tu única respuesta es enarbolar el orden público antes que cualquier otra cosa, la reacción policial es obvia. Si hay desmanes se deben controlar. Si hay desórdenes se debe actuar. Si hay saqueos no se pueden permitir. Obvio. Pero la crisis social del país es más profunda que eso y la violencia de las barras bravas también es más profunda. Ninguno de estos dos aspectos ha sido abordado con la profundidad que merecen. Siempre el problema es externo. Del otro. Nunca del que toma decisiones, maneja el Estado, controla el Gobierno y tiene el poder. Para solucionar un problema primero debes asumir que existe. Se le pide al fútbol que solucione problemas que no son del fútbol. Se pide paz a todos, pero no todos colaboran en buscarla.

Felipe González pitó el final del partido. Muchos respiraron aliviados. Afuera, en las calles, la violencia proseguía.