La defensa de las causas ganadas

La paz mundial. El futuro del planeta. El desarrollo sustentable. Temas relevantes en los que estamos todos y todas de acuerdo. De pronto algunos se apropian de conceptos que son unánimes. Ocurre en la sociedad y, por supuesto, en el fútbol. Ya sea por la cuarentena o el encierro, la defensa a las causas ganadas crece como la espuma.

Yo priorizo la salud de la comunidad. A propósito del regreso de la competencia local, los protocolos se han activado con prudencia por parte de una comisión médica que asesora a la ANFP y al Ministerio del Deporte. Este grupo está compuesto por profesionales de probada trayectoria y capacidad. Primero sugirieron trabajos remotos. Luego un retorno escalonado a los entrenamientos. Individuales, en grupos pequeños, sin usar espacios comunes, todo al aire libre. Después se elaboró una lista de estadios donde se podría jugar al fútbol, aquellos que cumplieran los requerimientos. Al final se establecería una fecha de regreso a la competencia. Al cierre de la redacción de este artículo, la fecha aún no ha sido planteada de manera oficial. Sin embargo, algunos alcaldes, intendentes, parlamentarios, legisladores, han salido a criticar con dureza algo que aún no sucede. Su bandera de lucha es que “prefieren la salud de la comunidad”. ¿Quién no? ¿La comisión médica quiere jugar a todo evento? ¿Alguien pretende disputar partidos con público, sin restricciones sanitarias, con una venda en los ojos, porque se debe jugar como sea? Nadie. Los hechos demuestran que todos priorizan la salud, como debe ser. Todos.

El fútbol no es lo más importante. Más allá de los lugares comunes, esos que dicen que el fútbol es una religión, que es la actividad más importante de lo menos importante, que es pasión de multitudes, el opio del pueblo y varios refranes más, todos sabemos que el fútbol no es lo más relevante, menos cuando está en juego la política sanitaria de un país. Dicho esto, llama poderosamente la atención cómo se le aplica al fútbol una vara que no sucede con otras actividades. Tras el estallido social de octubre pasado, se retomaron todas las actividades productivas del país, menos el fútbol. Volvieron los restaurantes, los cines, los conciertos, el teatro, el comercio, las ferias, pero no se podía jugar al fútbol. Era sinónimo de frivolidad máxima reanudar la competencia local. Extraño. Raro. Muy prejuicioso.

Yo prefiero jugar mal, pero ganar. Sentencia propia de un falso debate porque todos quieren ganar. Los que juegan con tres delanteros, los que usan doble línea de cuatro, los que contragolpean, los que ensayan jugadas de pelota parada. Todos. Con todos los esquemas se gana y se pierde. Y no existe, aunque lo busquen con lupa, el entrenador o el jugador invencible. El manoseo de la palabra fracaso sólo sirve para eludir los temas de fondo. Esperar el momento para pegarle al que pierde poco es oportunista. Considerar que ganar es lo único que importa deja los discursos vacíos y contradictorias cuando llega el inevitable momento de perder.

Nadie se acuerda de los segundos lugares, dicen con audacia. Claro, como si nadie se acordara de la Holanda de Cruyff, la Naranja Mecánica probablemente el equipo más influyente en la historia del fútbol mundial. Un equipo que no ganó nada, dirán los puristas.