El problema albo es más profundo

Las declaraciones de Gustavo Quinteros tras la goleada de Unión Española sobre Colo Colo en el estadio Monumental y su sinceramiento respecto de los déficits que padece el cuadro albo parecen ser un escaner perfecto. En Macul, según el recién llegado técnico trasandino, hay que preparar mejor físicamente a los jugadores, subir los estándares en los duelos individuales y trabajar la definición.

Lo que en apariencia fue un desahogo de brutal honestidad y que respondió a lo que todos vimos en el triunfo del equipo de Ronald Fuentes es un análisis incompleto. Sacando los evidentes problemas del finiquito asociados a la falta de confianza del equipo, el tema físico en Colo Colo no tiene que ver solo con una preparación inadecuada o el hándicap que dio el plantel mientras estuvo forzadamente acogido a la ley de protección del empleo. Hay raíces mucho más profundas.

Si el Cacique se cae físicamente en los segundos tiempos atribuirlo a un trabajo precario en esa área es una mera simplificación. El asunto es mucho más complejo, multifactorial. Parte por la configuración del plantel, la edad avanzada de varios de ellos, la elevada ocurrencia de lesiones musculares, las recaídas y, sobre todo, por la falta de promoción y recambio. El tardío tiempo de preparación para volver a la competencia es un factor, importante, pero uno más dentro del panorama general.

A diferencia de Universidad Católica y en línea con la inmensa mayoría de los clubes chilenos, Colo Colo no ha sido capaz de generar soluciones desde la cantera. Mucho se habla de generaciones pérdidas o de jugadores jóvenes de escaso potencial, pero en rigor su proceso de integración ha sido discontinuo e irregular. Sin la convicción adecuada. Y se nota, vaya que nota.

Alexis Sánchez, más allá de su precisión posterior, lo dijo: en cadetes hay problemas. La frase “la ANFP debe seguir mejorando los jugadores de atrás, porque no hay ninguno” es muy decidora… y real. En la Roja, el goleador histórico no solo no se ve amenazado sino que ha sido testigo de cómo rotan los relevos sin consolidarse. En Colo Colo, a menor escala, con Esteban Paredes ocurre algo similar.

Si bien, es indesmentible que los jugadores jóvenes muchas veces desaprovechan las oportunidades y devuelven la camiseta de titular, los canteranos juegan un papel clave en toda institución. Desde lo financiero donde la venta es determinante para la estabilidad del proyecto hasta lo deportivo complementando los planteles, bajando el promedio de edad y sosteniendo los equilibrios desde lo físico. Volviendo a la UC, Raimundo Rebolledo e Ignacio Saavedra son dos ejemplos concretos: jóvenes, titulares, consolidados.

Gustavo Quinteros deberá administrar el escenario actual e ir metiendo mano de a poco. El equipo, al menos, reaccionó y tuvo un salto de motivación y mejoraron ciertos rendimientos individuales. ¿Para qué le alcanza? Quizá para superar a Wilsterman en la Libertadores. En el torneo local, está por verse. Recuperar a los lesionados es fundamental, pero especialmente instaurar una visión de estado, estructural para que los jóvenes tengan cabida y protagonismo.