ENTREVISTA AS

Vodanovic, un alcalde fanático: "Me retan, pero en mi calendario bloqueo los partidos de la UC"

El sociólogo es hincha de Universidad Católica y fue profesor de historia de una de las grandes promesas del fútbol chileno. Viajó a Perú y a Brasil para ver a la Roja, y formó una Selección que inspiró a múltiples niños en La Pincoya. Es la cara más futbolera del futuro edil de Maipú.

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Vodanovic, un alcalde fanático: "Me retan, pero en mi calendario bloqueo los partidos de la UC"

"Si es para hablar de fútbol, feliz. La pelota siempre está disponible". La frase de Tomás Vodanovic, alcalde electo de Maipú, refleja su fanatismo por el deporte. El sociólogo, que derrotó ampliamente a Cathy Barriga en la votación del 15 y 16 de mayo, es hincha de Universidad Católica desde pequeño. "Mi padre siempre me llevó al estadio. Mis primeros recuerdos son del 1994", relata en conversación con AS. Vodanovic también utilizó el fútbol como una herramienta clave durante su estadía en la Escuela General Carlos Prats de La Pincoya. Ahora quiere replicar ese aprendizaje en su gestión municipal. 

"Soy hincha de la Católica desde que tengo uso de razón. Yo creo que aprendí a leer con la sección de deportes de los diarios y de las revistas (ríe) me gustaba tener las camisetas y jugar a la pelota", agrega Tomás Vodanovic. Como profesor de historia, el militante de Revolución Democrática coincidió con una de las grandes promesas del fútbol chileno: Alexander Aravena, quien justamente forma parte de la UC. Ambos protagonizan una emotiva historia.

Tanto es el fanatismo de Vodanovic, que su círculo más cercano ya tiene clara cuál es la primera regla de su agenda: "Estoy abonado y antes de la pandemia iba siempre al estadio. Ahora no se puede ir, pero veo todos los partidos. Reviso los calendarios con mucho tiempo de anticipación y dejo bloqueadas las fechas de los partidos de la UC, ya sea por Torneo Nacional o Copa Libertadores. No me puedo perder ninguno, tenga el compromiso que tenga (ríe). Mi equipo (de trabajo) me reta, pero es la única ventana de desconexión".

- ¿También le gusta el fútbol internacional?
- Sí, me encanta. Cuando chico consumía mucho fútbol. De hecho, quise ser periodista deportivo hasta cuarto medio. Veía todos los partidos, me conocía todos los jugadores y todos los estadios, y tenía estudiada la historia de los mundiales. Ahora no puedo bloquear mi agenda para ver un partido del Manchester City (ríe), pero si me alcanza el tiempo para ver un partido de River, del fútbol europeo u otro del fútbol chileno, claro que lo veo.

- ¿Cuáles son sus primeros recuerdos en el estadio?
- Cuando tenía cuatro o cinco años. Me acuerdo que me ubicaba en las esquinas cuando (Néstor) Gorosito sacaba los córners. Recuerdo su pelo (ríe). También me acuerdo de la despedida de (Sebastián) Rozental. Ese día lloré...

- ¿Qué otros momentos no se le olvidan?
- Cuando ganamos la final del 2005 contra la U. Tengo la imagen de las bengalas y de Darío Conca con el trofeo. Nunca le ganábamos a la U o a Colo Colo, y ese fue un desahogo grande. Fuimos los mejores del campeonato. El otro logro que recuerdo es el título de Mario Salas en San Carlos. A ese partido con Audax fui junto a Alexander (Aravena) y a otros alumnos. Yo les tenía prometido que iríamos, pero el martes anterior se agotaron las entradas. Me empecé a mover por todos lados. Hasta le escribí a Juan Tagle (ríe). No me acuerdo cómo las conseguí, pero fuimos.

Su relación con Alexander Aravena, promesa de la UC y la Roja

- ¿Cómo se conoció con Aravena?
- En la Escuela General Carlos Prats, en La Pincoya. Yo hacía clases y él estaba en sexto básico. En el primer día, siempre hacía el mismo ejercicio. Les preguntaba por su historia, su anhelo y su frustración. Era algo fácil, pero cuando yo tenía que resolver conflictos o situaciones, volvía a la hoja. Era una escuela pública muy inclusiva, pero complicada. Entonces, muchos niños dijeron que no tenían sueños o me preguntaron si el ejercicio tenía nota, pero Alexander lo hizo muy rápido. Pregunté quién quería pasar adelante y él levantó la mano.

- ¿Qué escribió?
- Que quería jugar en el Barcelona. Los compañeros se rieron y le dijeron que ellos querían llegar a la luna. Pero él estaba convencido. Yo trataba de estimularlo, motivarlo, darle consejos y acompañarlo. Le decía que todo era posible y lo iba a ver a los partidos. La primera vez fue ante la U: en el público estaba Marcelo Salas y Alexander la rompió. Hizo dos goles y dos asistencias. Cuando fui a estudiar a Europa, le traje la camiseta del Barcelona.

Una visita de Jeisson Vargas a la escuela en La Pincoya.

- ¿De qué otra forma inspiraba a sus estudiantes?
- Como siempre he sido futbolero, cuando llegué, organicé la Selección del colegio. Quería enganchar rápido y apañaba a mis cabros a todas. Hasta subíamos el cerro.

- ¿Eso generaba más motivación en sus clases de historia?
- Totalmente. Era el gran gancho. Yo los sacaba a todos lados, les conseguía campeonatos en el Club Palestino o en el Saint George, me conseguí uniformes con Nike, entrenábamos dos veces a la semana y los inscribí en torneos de Coca Cola. Me moví mucho. Entre séptimo y octavo básico había 40 alumnos hombres, y 35 estaban en la Selección. Algunos ni jugaban, pero era un excelente grupo humano. Un espacio de formación muy bacán.

- También los llevaba al estadio (foto principal). ¿Usted pagaba la entrada?
- Cuando íbamos al sector norte o al sector sur, yo invitaba. Alexander nos llevaba en otras oportunidades y nos sentábamos en marquesina. Como él era juvenil, también tenía entradas.

- ¿Qué sintió cuando vio a Alexander en la Roja?
- Viajé al Sudamericano en Perú y al Mundial en Brasil. Nos juntamos y me tocó verlo cuando anotó un gol por la Selección. Fue muy bonito. Con su padre siempre decíamos que seríamos felices el día que debutara en la UC. Tuvimos mala suerte, porque fue en pandemia y no pudimos estar. Pero es un lindo proceso. Gonzalo (Tapia) y Clemente (Montes) ahora están sumando minutos, pero a Alexander le tocó una posición más complicada. Compite con (Fernando) Zampedri y (Diego) Valencia. Le ha costado ganarse un espacio, pero es un crack y sé que la va a romper pronto. Es uno de los jugadores con más condiciones de su generación.

- ¿Usted juega?
- Cuando chico jugaba más, pero algo queda todavía (ríe). Siempre he sido un ‘9’.

Vodanovic, junto a Aravena en el Sudamericano Sub 17.

El deporte en la gestión municipal de Tomás Vodanovic

- ¿Cómo se puede aportar al desarrollo del deporte desde una municipalidad?
- Es fundamental. Yo aprendí más en la cancha que en la sala de clases, en términos de valores: disciplina, compañerismo, rigurosidad, solidaridad y esfuerzo. También me tocó verlo en La Pincoya. Creo que mis estudiantes aprendieron cosas más importantes en el deporte, que en la asignatura. El deporte es muy formativo, y también nos hace felices. Desde un gobierno local se pueden impulsar políticas públicas a través del deporte...

- ¿En qué sentido?
- De cómo vamos formando estudiantes, generando instancias de interacción social entre distintos grupos y desarrollando la vida sana. Tenemos un equipo grande, con alrededor de 60 deportistas, que están trabajando en el proyecto municipal. Una de ellas es Bárbara Muñoz, seleccionada nacional de fútbol femenino y maipucina. Tenemos una propuesta interesante que busca impulsar el deporte, como motor de desarrollo para los niños y para la comunidad.

- Hay una propuesta de incluir al deporte como derecho constitucional. ¿Le parece una buena idea?
- No basta solo con escribirlo, pero sí espero que el proceso constituyente nos ayude a establecer ciertos derechos que hoy no son tan discutidos. El acceso al deporte, a la infraestructura deportiva y a las instancias deportivas es algo que debería estar más garantizado. Una persona que estudia en un colegio privado, que tiene instalaciones, que tiene torneos todas las semanas y que tiene profesores que lo puedan educar, tiene una brecha muy grande con una persona que estudia en una escuela sin instalaciones y que no tiene talleres específicos. Es una de las tantas brechas que tenemos en nuestro país y que tenemos que empezar a combatir ahora.