Los viejos rockeros de Lasarte

Esta columna está escrita después del empate contra Argentina y antes del duelo contra Bolivia. Esta columna está escrita cuando el empate en el debut de Martín Lasarte parece un buen resultado, con la convicción de que una eventual victoria ante los altiplánicos reforzaría a Chile en la tabla y, más importante, en las convicciones. Esta columna está escrita con la fuerte creencia de que el duelo ante Bolivia ya no es más un partido asegurado en la canasta de puntos. Hay que trabajarlo, masticarlo, tomarlo en serio.

A Martín Lasarte no le gusta la palabra recambio. Dice que ese término se refiere a un reemplazo de todos los jugadores por otros nuevos, algo que en Chile no es posible. Prefiere renovación. Es parecido, pero no igual. La renovación en países como Brasil y Argentina es, obviamente, menos traumática que en equipos como Chile, Perú, Colombia, Ecuador o Paraguay. Cuesta más. Otro debate, largo y extenso, es por qué seguimos viviendo de generaciones esporádicas y cíclicas y no sostener un trabajo en el tiempo.

En este contexto Lasarte mantuvo a varios de los viejos estandartes, esos jugadores que tienen más de cien partidos en el cuerpo jugando por la Roja y que más allá de los altibajos en rendimiento, nadie ha podido sacar. El uruguayo apostó por ellos y le respondieron. Los más destacados contra Argentina fueron Bravo, Medel, Mena, Aránguiz, Isla. Hay algunos nuevos que ya no son tan nuevos, como Maripán, Pulgar, Pinares, Paulo Díaz, Meneses. Hay otra franja que son derechamente proyectos en la selección, como Carlos Palacios. No tenemos muchos nuevos.

Más allá de las virtudes futbolísticas, los viejos rockeros tienen ese gen de competencia irrenunciable. Quieren ganar siempre. Eso se irradia. En la bitácora han ganado mucho más de lo que han perdido. Lasarte, técnico prudente y moderado, dijo algo que parece obvio pero no es tan obvio: los partidos son todos diferentes y se planean caso a caso. Cuando la baraja es estrecha, los movimientos no son tan radicales y la propuesta mantiene una idea porque los intérpretes no son demasiados en cantidad. Cierto. Este equipo tendrá que luchar caso a caso. De hecho, en el mismo partido hay secuencias de fútbol diferentes. Ni el Chelsea juega los 90 minutos igual. Ni Francia, el campeón del mundo, juega siempre igual. Las eliminatorias sudamericanas, las más difíciles del mundo, no premian tanto a los equipos brillantes sino a los regulares, quizás con la excepción de la Argentina de Bielsa. Y este nuevo Chile tiene una deuda de arrastre que debe tratar de recuperar en la tabla. La confianza y renovación, que son incluso más importantes que ir al Mundial, no se pueden construir en ausencia de los viejos rockeros. Parte con ellos. Guste o no.