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Ganar nunca es fácil

Argentina fue campeón de la Copa América de manera merecida. En un torneo donde no hubo grandes luces, el equipo de Scaloni fue el mejor de todos. Antes de este certamen algunos pensábamos que el candidato era Brasil con holgura, pero el once trasandino fue mejor, incluso en una final bastante opaca. El hecho de no haber levantado una corona continental desde 1993 hace de este título trasandino un campeonato muy especial. Jugando por su selección, Lionel Messi había perdido la final de América del 2007, las ediciones del 2015 y 2016 y el título del mundo del 2014. Por eso ganar esta Copa era pagar una deuda. Messi tenía una deuda y el fútbol tenía una deuda con el mejor futbolista del mundo.

Italia fue campeón de Europa apenas por segunda vez en su registro. Le ganó la final a Inglaterra, quienes nunca habían llegado siquiera a la instancia decisiva. Después de la prórroga, los italianos vencieron en los penales y levantaron una Copa que no ganaban desde 1968. Entremedio ganó los Mundiales de 1982 y el 2006, pero no el torneo continental. En el camino quedaron otros que eran grandes candidatos, como la Francia campeona del mundo que además sumaba a Karim Benzemá en el plantel.

Nunca es fácil salir campeón, en ninguna parte, en ningún campeonato. Conseguirlo es un mérito y requiere de algo más que buenos intérpretes en la cancha. Una suma de factores se deben reunir para ser campeones y no siempre el que gana es el mejor equipo. La historia del fútbol está plagada de grandes equipos que a nivel nacional, continental o Mundial no levantaron la Copa siendo los mejores.

Valorar al que gana no significa convertir la ecuación en el Deportivo Ganar, pues se pierde la perspectiva. Cuando ganar es una consecuencia de un camino es diferente, en el análisis, al triunfo accidental. La estadística indicará que es lo mismo, pero ciertamente provienen de lugares diferentes y conducen a herencias distintas en forma y fondo.

El discurso del eterno ganador suena bien, pero no es cierto. “Ganar como sea”, “Sólo sirve el título”, “Del segundo nadie se acuerda”, son sentencias que quizás sirvan en una arenga, pero que no tiene correspondencia en el fútbol. No existe ningún equipo que haya ganado siempre, no existen selecciones que no hayan perdido, no hay jugadores que sólo hayan dado vueltas olímpicas ni entrenadores que sólo sean campeones. Evidentemente hay algunos que ganan mucho más que otros, pero eso responde a un trabajo, elaboración, proyecto y mentalidad colectiva.

Argentina volvió a ser campeón de América desde 1993. Italia levantó una corona esquiva desde 1968. Ganar nunca es fácil. Y dos veces seguidas, menos. Chile lo hizo. Por si a alguien se le ha olvidado.