Entrevista AS

Un chileno da el gran salto de su carrera y ficha en el Nantes: "Quiero marcar un precedente"

Bernardo Araya, capitán de la Roja de futsal, fichó por el Nantes y será el primer chileno en Europa: "A mí el futsal me dio todo, ¿por qué a otros jóvenes no?"

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Un chileno da el gran salto de su carrera y ficha en el Nantes: "Quiero marcar un precedente"

La historia de los Araya Ponce está repleta de fútbol. No solo por Karen, seleccionada de la Roja femenina que disputará los Juegos Olímpicos de Tokio, sino también por Bernardo (28), capitán de la Selección de futsal y quien fichó por el Nantes hace unos días. 'Nano' partirá a Francia en el próximo mes de agosto para asumir su desafío más ambicioso: "Espero dejar el nombre de Chile lo más alto posible, para que al otro año no solo esté yo, sino cuatro, cinco o varios jugadores más en Europa".

Principalmente, esa es una de las causas que lo ha motivado durante toda su trayectoria: demostrar en el exterior que en nuestro país hay futbolistas talentosos. La otra, profesionalizar la disciplina, para lo cual incluso colaboró en la organización de los Torneos Nacionales disputados en 2017. Al año siguiente partió a Newells Old Boys, donde también se transformó en capitán tras ayudar al cuadro de la 'Lepra' a volver a la Primera División.

En conversación con AS, Araya remarca que aún falta mucho para que su experiencia no sea la excepción a la norma y adelanta de quién es la responsabilidad: "La ANFP tiene que ponerle un poquito más de ganas al crecimiento del futsal". Además, cuenta sus inicios en Puente Alto, habla de la relación con su hermana, su capitanía en la Roja y cómo imagina su futuro en el 'Viejo Continente'.

- ¿Cuáles son sus primeros recuerdos con una pelota de fútbol?
- Son en la cancha El Volcán, en Puente Alto. Con la Karen nos armábamos un equipo con los cabros de las otras casas y jugábamos contra otros por jugos Yupi (risas). Pasábamos todo el día en la cancha con ella. Fue una etapa muy bonita.

- En su familia siempre estuvo presente el fútbol...
- Sí, mi familia es muy futbolera. Mi papá y mi mamá juegan, así que ellos siempre nos motivaron a jugar. Me acuerdo cuando nos íbamos los domingos enteros a la cancha, a ver a mi viejo que jugaba en Estrella Ferroviaria, en San Bernardo, un club de viejos cracks (risas). Todo el domingo, de diez de la mañana a diez de la noche. Almorzábamos allá, pasábamos la tarde... era un ritual.

- Y el futsal, ¿cómo lo conoció?
-Lo conocí por mi mejor amigo. Un día jugando baby fútbol me dice "mañana me voy a probar a la Selección de futsal, ya hablé con el técnico... ¿vamos?". Y yo le digo "pero así nomás... ¿de guapo?". Y al final lo acompañé y ahí comenzamos a entrenar, les gusté y me comenzaron a citar. El 2013 entré a Palestino y desde ahí mi carrera fue en ascenso. Jugamos el primer campeonato ANFP y salimos campeones.

- ¿Qué le llamó la atención del futsal?
- Es un deporte que todavía privilegia el talento, el ser bueno pa' la pelota. Yo tengo una visión muy personal del fútbol, y para mí pasó de ser un deporte técnico-táctico a un deporte físico, donde el jugador que más corre o que es más potente es el mejor jugador. En el futsal hay espacios más reducidos, la cancha es de 40x20 metros, entonces es muy dinámico, la resolución debe ser rápida. Antes que la pelota esté en tus pies ya debes saber qué hacer. A veces pasar a un jugador en un metro cuadrado, y lo haces con un túnel, una bicicleta, o por arriba. El espectáculo para la gente que lo ve es atractivo.

- ¿Se probó alguna vez en equipos de fútbol profesional?
- Estuve entrenando un año en Colo Colo, cuando era Sub 17. Después Sub 18 me fui a la U, y después más grande estuve en Deportes Tocopilla, creo que era Tercera B. Ahí ya tenía la frustración de que nunca se iba a dar. Hasta que en 2017 hubo un torneo en Argentina al que fui con la Selección de futsal, y me vio el presidente de la rama de Newells. Empezamos a hablar, las conversaciones fueron avanzando y, de repente, un día me mandó los pasajes. Yo quedé loco, no la podía creer (risas).

- Y una vez allá en Argentina, ¿cómo fue la experiencia?
- Cuando llegué, Newells volvía a las competiciones AFA después de 20 años, así que económicamente no me convenía mucho, pero estaba haciendo lo que me hacía feliz. Siempre he valorado eso. Entonces partimos en la D, y cuando subimos a la C me nombran capitán del club. Yo pensaba "¿por qué yo? pongan a otro, hueón, me da lo mismo" (risas). Al final logramos ascender hasta la A y, claro, ahí las condiciones son buenas. Hoy puedo vivir del futsal, no me puedo dar grandes lujos pero, como te dije, hago lo que amo.

- Usted ha sido un impulsor de la profesionalización del futsal en Chile. Sé que colaboró con la ANFP incluso para organizar torneos...
- Claro. En 2016 y parte de 2017 hubo un parón importante acá en Chile. No se hizo ningún tipo de torneo y, mira, esto lo digo a modo personal, pero a mí el futsal me dio todo. Yo estudié gratis en la universidad gracias a él, hoy soy profesor de educación física, he conocido Sudamérica, he podido dedicarme al deporte que amo. Entonces, cuando se generó ese parón, dije "hay que hacer algo por este deporte". Fui hasta la ANFP con un proyecto y el encargado del futsal me dijo "el problema es que tenemos diez pesos". Yo le respondí que no me interesaba la plata, que me interesaba que el deporte no se perdiera, porque si el futsal a mí me dio tanto, ¿por qué a otros no? Y hoy en Chile hay dos o tres torneos, está la Primera, Segunda División y además la Femenina. Son tres categorías que ya están constituidas. Cuando voy a Chile me da orgullo ver que hay clubes con divisiones hasta Sub 8 o Sub 10.

- ¿Y qué cree que hace falta para elevar el nivel de la disciplina en Chile?
- Falta que la ANFP le ponga un poquito más de ganas al crecimiento del deporte. No puede ser que la gente en pandemia vaya a volver a los estadios, y que una disciplina que es federada, como el futsal, no pueda volver. Tampoco hay mucha cobertura. A los torneos de futsal no se les da importancia. Los clubes tampoco hacen mucho por la rama de futsal. Esto lo vivió también el fútbol femenino. Cuando Karen (Araya) empezó era lo mismo, hasta que un día se plantaron las jugadores y comenzaron a generar cambios. Yo quiero marcar un precedente para que la ANFP se de cuenta que sí hay jugadores. Son ellos los que tienen que darle desarrollo, más financiamiento, infraestructura. La Selección no tiene un estadio fijo para poder entrenar. No hay ambulancias en los partidos, siendo que es un deporte de mucho contacto. Entonces, eso dice mucho.

- Volviendo a Argentina, ¿cómo se vive el futsal allá?
- Allá el fanatismo del fútbol se traspasa totalmente al futsal. Es una liga muy fuerte. Ellos en 2016 fueron campeones mundiales, entonces le dieron un crecimiento increíble, empezaron a sumarse empresas y a poner mucha plata. Es un fútbol muy intenso, muy táctico, se tranca hasta con la cabeza de ser necesario. En Rosario la rivalidad entre Newells y Central es increíble. A los niños casi que les enseñan a odiar al rival. Y haber sido el capitán en un club así es un orgullo. Que te griten "chileno, chileno"... uno se sorprende porque lo ve muy lejano.

- Ahora va al Nantes, ¿cuáles son los objetivos?
- Dejar el nombre del futsal chileno lo más alto posible. Lograr un campeonato con el club, quizá una clasificación a Champions. Hay que trabajar para eso. Hacer buenas presentaciones y que el próximo año no esté solo yo en Europa, sino que sean cuatro, cinco o más chilenos.

- Lo último. ¿Qué le genera ver a su hermana en la Roja y ahora pronto en los Juegos Olímpicos?
- Orgullo total. Los triunfos de ella los celebro como si fuesen míos. Cuando clasificaron a los Juegos Olímpicos yo estaba en Argentina... y me lancé (risas). Dije "lo siento, no puedo entrenar hoy". Además que yo he visto todo lo que ha sacrificado, desde el principio, cuando estaba en el anonimato total. Iba al mall y nadie sabía quién era. Había lluvia torrencial e igual se iba a entrenar, tomando dos micros y el metro. Me da mucha emoción hablar de ella. Me pone feliz todo lo que ha conseguido.