Nosotros le pagamos el sueldo

“Nosotros le pagamos el sueldo”, dijeron a modo de bravata los dirigentes de diferentes clubes europeos, haciendo hincapié en un factor que todos conocemos. Efectivamente los equipos donde militan los futbolistas les pagan su salario. No es un favor, es lo que tienen que hacer nada. Argumentar con cumplir un contrato no es para aplaudir ni para bajar la cabeza. Le pagan el sueldo porque es su deber, su obligación.

Quizás en esta fecha se logre desactivar este lío, por un poco de presión de los jugadores, otro poco de presión ambiente y otro poco de presión por parte de la FIFA. Pero a no equivocarse. Esto no ha terminado. Lo escribimos en este mismo espacio cuando el engendro de la SuperLiga Europea no logró cristalizarse: los equipos más grandes del Viejo Mundo volverán a la carga. Este fue un nuevo capítulo y no será el último. Lo que acá está en discusión no es un asunto reglamentario, porque los futbolistas en fecha FIFA deben jugar por sus países. La discusión está alojada en la noción que tienen los clubes sobre sus jugadores: mercancía, dirigir sus destinos y coartar sus decisiones, un modo de esclavitud muy bien pagada.

Miremos más allá de la cortina de humo lanzada por los clubes más millonarios del mundo. Acá no hay una decisión sanitaria. No les importa que Sudamérica esté en una “zona roja” a raíz de una pandemia mundial. Su complicación está en “perder” a sus futbolistas por un par de semanas, donde no podrán enrolarlos en tres partidos. Tres. En una etapa inicial de los torneos locales y competencias internacionales. Tres.

Se quejan los clubes que hay fechas triples y es probable que sea una mala solución en tiempos extraordinarios. Pero se olvidan que en buena medida se suspendieron fechas clasificatorias anteriores, precisamente, por la pandemia.

Tener jugadores seleccionados es un plus enorme para todos los clubes, grandes, chicos, medianos, extranjeros, chilenos. Ben Brereton Díaz tiene muchas chances de ser titular en una selección chilena. Un gol a Brasil, Ecuador o Colombia vale mucho más (literalmente, en euros) que un tanto al Milwall, Birmingham, Fulham, Stoke City, Reading, alguno de los rivales semanales del Blackburn Rovers. Pero su entrenador dijo que prefería que anotara goles en su club, porque es el que le paga el sueldo.

El tema de fondo es que si fuera por los clubes europeos, ojalá no existieran torneos de selecciones. Si fuera por ellos, nada de Copa América, Copa de África, ni siquiera Eurocopa. ¿Mundial? Un cacho. Porque ellos le pagan el sueldo a los jugadores y es lo único que importa. No me extrañaría que pronto algún directivo proponga jugar las eliminatorias sudamericanas en Europa.

Algunos futbolistas emprendieron el viaje. Otros seguramente esperaron la resolución del TAS. Quizás otros prefieran no trasladarse. Pero no se equivoquen. Esta historia no ha terminado.

Hemos escuchado muchas veces ese argumento, no sólo en el fútbol. “Nosotros te pagamos el sueldo”. No es un favor pagar el salario. No es un argumento. Es un contrato. Un deber. Una obligación.

No sean frescos.