El estallido, la meritocracia y los seleccionados

El 18 de octubre se desnudó una serie de malestares sociales que de tanto acumularse, finalmente estallaron en una serie de jornadas de protesta y movilización que ni hasta el día de hoy tiene una agenda común u homogénea. Sin embargo, la demanda por dignidad, descontento con los costos de la vida, la crisis del sistema de pensiones, endeudamiento para suplir necesidades básicas, la baja calidad de vida de sectores medios y de bajos ingresos fueron algunos elementos transversales que repetían las millones de personas en las calles y/o caceroleando en sus casas.

A la hora del estallido, nuestros ídolos no se escondieron: Claudio Bravo, salió jugando con los pies con su habitual claridad: “Vendieron a los privados nuestra agua, luz, gas, educación, salud, jubilación, medicamentos, nuestros caminos, bosques, el salar de Atacama, los glaciares, el transporte”. Charles Aránguiz, como si estuviera en cancha apoyando a cada uno de sus compañeros; dijo que “si estuviera en mi casa, estaría marchando y luchando junto a mi gente, con todos.”

La actitud defensiva del Presidente Sebastián Piñera fue acusar a la movilización como oleada de violencia y acusó que se trataba de “una guerra contra un enemigo poderoso”. Gary Medel le respondió a través de su twitter como si estuviera cruzando a un delantero rival: “Una guerra necesita dos bandos y acá somos un solo pueblo que quiere igualdad. No queremos más violencia. Necesitamos que autoridades digan qué van a cambiar para resolver los problemas sociales. Hablan de delitos y no de soluciones al problema de fondo.”

Arturo Vidal no faltó. Si bien fue uno de los que más demoró en declarar, finalmente le puso fichas a la protesta: "Uno ve amigos, parientes, lo que les cuesta ir al hospital, las esperas y mucha gente que no se puede operar, porque las salas están llenas. Las pensiones bajísimas de nuestros abuelos, lo que cuesta el agua, la luz. Mucha gente no llega a fin de mes", comentó el volante de Inter de Milán.

El modelo del “oasis” chileno puesto en valor por sus defensores, promueve una versión de la libertad en donde se premia el éxito en la medida del mérito y el esfuerzo individual. La idea del Estado ausente, es justamente la premisa que favorece la proactividad de los ciudadanos. Mientras más te autoexplotes, más y mejor éxito económico para poder pagar por tus derechos. Y curiosamente, la crisis en Chile emerge porque esa promesa no se cumplió para la enorme mayoría de chilenos y chilenas, salvo para casos excepcionales, como por ejemplo, una pequeña “selección” de jugadores de fútbol cuyo enorme esfuerzo y talento es recompensado con altas remuneraciones y validación social. El propio Aránguiz agregaba: “el fútbol me dio para construir un futuro, pero yo estoy en el barrio y sé que la gente no llega”.

Cuesta encontrar futbolistas con alto nivel de compromiso político probablemente porque el “modelo” funcionó en sus casos. Por eso es tan valorable, -no solo por ser famosos- que futbolistas del tronco histórico de nuestra generación dorada, abandonen sus condiciones excepcionales para empatizar con sus compañeros de origen de clase social y acusen la desigualdad del proyecto económico chileno. En el momento de mayor profundidad en la crisis de legitimidad de la institucionalidad y la clase política, los seleccionados estuvieron a la altura. Otro punto más para la generación dorada.