Locos por el pádel

Después de un partido, en el tercer tiempo, en la espera de una cancha, en medio de un torneo, aparecía siempre la misma pregunta: ¿Cuánto costará hacer una cancha de pádel? Justo antes de la Pandemia, la alta ocupación de canchas tenía frecuentemente a aficionados soñando sobre lo rentable que sería instalar nuevos lugares para jugar.

Ya en 2019 los que estaban alrededor del pádel olfateaban el fenómeno. Lo que se hacía imposible era prever que un desconocido virus detonaría la explosión definitiva de este primo hermano del tenis. La necesidad de hacer deporte en Pandemia encontró en el pádel una manera de socializar y ponerse en movimiento al aire libre sin tener contacto físico. Una fórmula ideal.

Pero esta historia no es tan nueva. A comienzos de los '90, el pádel en Chile era un deporte de élite y se desarrollaba apalancado por el gran momento que vivía en Argentina. Mientras al otro lado de la cordillera habían jugadores profesionales, los mejores en Chile alternaban otras ocupaciones con entrenamientos y torneos cuyas finales eran transmitidas por lo que hoy es Chilevisión. La moda no logró sostenerse y entrando en los 2000, el pádel se durmió un buen tiempo para iniciar tímidamente un nuevo ciclo en la década pasada. De ahí vendría la locura actual.

Si antes de la Pandemia costaba encontrar canchas, ahora es una tarea titánica. Aparecieron nuevos jugadores sumando más divisiones de principiantes y muchísimas nuevas jugadoras. Cada vez se ven más mujeres en clases, jugando amistosos, en torneos, en duplas mixtas y en el tercer tiempo.

Los lugares para jugar también explotaron. Se hizo común ver en clubes deportivos la aparición de canchas de pádel, muchas veces reemplazando espacios de tenis o futbolito. Al mismo tiempo, el boom animó a varios emprendedores a construir clubes en terrenos donde no había nada ligado al deporte. Según publicó en mayo el Diario Financiero, entre diciembre de 2020 y abril de 2021 se importaron 200 canchas y los jugadores activos en serían más de 15 mil.

Para entender por qué el pádel prendió tanto, hay que ir a las características del juego. Al practicarse en duplas, tiene un componente social que hoy se valora más que nunca. Por otro lado tiene poco riesgo de lesiones y comenzar a jugarlo no exige un gran estado físico ni demasiada técnica. A diferencia del tenis, que requiere de un buen tiempo de aprendizaje para llegar a disfrutarlo, la gran mayoría que llega al pádel lo pasa bien desde el principio. Como dijo un ex número uno de Chile en los '90, “es como jugar paletas de playa, pero la pelota da bote”. Y como se ocupan las paredes para el rebote de la pelota, la práctica es muy dinámica, manteniendo constantemente en actividad a los jugadores. Otro factor clave es la conectividad. Las canchas se reservan online y los partidos se arman rápidamente en grupos de Whatsapp de jugadores o de los mismos clubes.

La semana pasada las selecciones chilenas de pádel compitieron en el Mundial 2021 disputado en Doha, Qatar, donde la femenina quedó en el lugar 15 y la masculina entre los ocho mejores equipos, clasificando al mundial del próximo año. En estos días un numeroso grupo de deportistas representa a Chile en el Panamericano de Pádel de Camboriu, Brasil, mientras que algunos clubes de Chile organizan torneos con premios en dinero que pueden superar el millón de pesos.

Pronto inaugurarán nuevas canchas en comunas tan distintas como Huechuraba, Buin, Pudahuel, Papudo y Villa Alemana. Se habla de futuras canchas subterráneas y otras en centros comerciales.

Afuera también hay locura. Un nivel de explosión similar al de Chile se está viviendo en países como Suecia, Italia y Portugal. El pádel se juega hoy en más de 60 países en los 5 continentes y tiene como epicentro a España, cuyas selecciones de hombres y mujeres ganaron la semana pasada el mundial de Qatar.

Para proyectar cómo seguirá el pádel después de la explosión, hay que mirar a los que nos llevan ventaja. En España se quejan de que los precios de las canchas han subido entre 20 y 30 por ciento por la alta demanda. Allá una hora y media de cancha puede costar entre 7 y 8 euros por jugador, que es prácticamente lo mismo que se paga por jugar en Santiago Oriente en horario peak. En Chile es difícil pensar en aumento de precios, al menos en lugares como Chicureo, donde han aparecido varios clubes en los últimos meses.

Mientras aumentan las canchas y crece el interés de los medios, surgen más jugadores, jugadoras y profesores que ayudan a la iniciación y el perfeccionamiento. La suma de factores hará subir el nivel de juego y probablemente poner más nombres en la élite del pádel mundial, donde hoy tenemos a Javier Valdés, actual 54º del mundo, que esta semana competía en el Pádel Master de Buenos Aires.

La explosiva aparición de canchas, puede llevar a una saturación en la oferta que llevaría la ocupación hacia los clubes con mejor atención y servicios al cliente. La ubicación y el acceso serán fundamentales, como también estacionamientos suficientes, camarines y baños limpios, tiendas de accesorios, oferta de hidratación y comida, espacios con sombra y lugares adecuados para un buen tercer tiempo. Los clubes que descuiden estos puntos, podrían complicar su ocupación en el mediano plazo. Al contrario, los que logren una mística con gente literalmente camiseteada con el lugar, tendrán el futuro asegurado.

La explosión es evidente. Los torneos locales van a mejorar el nivel e incluso no sería raro pensar en exhibiciones en canchas instaladas en lugares de espectáculos, donde los rockstars serán los mejores padeleros del mundo jugando puntos increíbles ante miles de aficionados chilenos que saldrán con ganas de intentar cosas parecidas en un próximo partido armado en tiempo récord en un grupo de Whatsapp.