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Terminó el torneo 2022 en su parte deportiva. Falta el partido jurídico. Una vez más el fútbol chileno podría resolverse en pasillos, por temas pendientes que debieron ser resueltos antes de jugarse la última fecha. Así se evitaban suspicacias, teorías conspirativas y una mancha en la actividad que cuesta mucho esclarecer.

Hay una estadística de este torneo que resulta escalofriante. El 2022 es el torneo con más partidos suspendidos en la historia del fútbol nacional, dejando al margen el certamen del 2019 que no terminó debido al estallido social. En 1939 un feroz terremoto azotó el sur del país. Se suspendieron menos partidos que el 2022. En 1960 el sismo de Valdivia es el más potente registrado en la historia moderna. Se suspendieron menos partidos. En 1973 la República se quebró en mil pedazos, con golpe de Estado y dictadura incluida. El torneo estuvo detenido tres semanas. En el 2010 la tierra se volvió a mover con furia. Se suspendieron menos partidos que ahora. Si a eso le sumamos la cantidad de pleitos que se disputaron en escenarios donde los dos equipos eran visitantes, la cantidad de veces en que una fecha fue reprogramada o que ahora es casi normal jugar sin público visitante en las gradas, tenemos un panorama oscuro. Lo peor es que nos estamos acostumbrando. Lo peor es que a nadie parece importarle demasiado. Lo peor es que hoy nos conformamos con que un partido empiece y termine a la hora señalada.

Podemos hablar del juego. Del Colo Colo de Quinteros que gobernó de punta a punta. Que Ñublense consolidó un campeonato donde nunca salió de los cuatro primeros. Que Curicó tuvo la mejor campaña de su historia. Que la UC tuvo un año agrio, que no fue peor evaluado por una línea de crédito amplia tras ganar cuatro torneos seguidos. Que la U fue la gran decepción, otra vez. Que aparecieron jugadores jóvenes interesantes, como Aravena, Barticciotto, Assadi, Osorio, Torrealba, Fuentes. Que Zampedri es el artillero otra vez, que Lucero le cambió la gestión ofensiva a Colo Colo. Podemos. Pero no por mirar la pelota dejaremos de ver un torneo demasiado discontinuo, difícil de calificar. No tapemos el sol con un dedo. O con un balón, en este caso.