ADN RadioConcierto Radio
NewslettersRegístrateAPP
españaESPAÑAargentinaARGENTINAchileCHILEcolombiaCOLOMBIAusaUSAméxicoMÉXICOperúPERÚusa latinoUSA LATINOaméricaAMÉRICA

Comentar con la camiseta

Actualizado a

Soy de Curicó. De la ciudad y del club. Soy hincha, socio, fanático, no tengo problema en admitirlo. Quiero que gane siempre, grito todos los goles y maldigo cuando nos toca perder. ¿Eso significa que no puedo ver la realidad? Por supuesto que puedo. Todos podemos, aunque tenemos roles diferentes. ¿Jugará mejor o peor el equipo por el amor devoto que siento? No. ¿Condiciona mi afición presenciar lo evidente? No.

En la temporada 2009 me tocó comentar un partido en que Universidad Católica venció a Curicó por 7-0. Al salir de la caseta de transmisión un furibundo hincha cruzado me encaró. ¿Qué vas a decir ahora? Fue su interpelación. ¿Qué voy a decir? ¿Que el partido fue parejo? ¿Qué el marcador fue exagerado? ¿Qué el duelo fue parejo hasta el sexto gol?

A veces no es necesario explicar lo evidente.

A veces sí.

La discusión del fútbol no es cerrada ni absoluta. Hay matices que están marcados por gustos personales, paladares, pero en buena medida por la biografía de cada persona. Nos marca, nos orienta hacia un lugar determinado. Por eso es tan saludable conocer otras realidades, otras opiniones, acogerlas como válidas y calibrarlas en su mérito.

Pasa con el arbitraje, otro tema siempre espinudo. Muchas veces la discusión no va hacia la justicia de los cobros, sino a los errores a favor. La magra teoría del empate que todo lo termina distorsionando.

El problema no es reconocer la afición por un club, una tendencia política, bandas de rock favoritas. Todos somos subjetivos. Ese debate en las escuelas de periodismo ya está superado hace décadas. El tema es nublarse cuando las circunstancias son demasiado evidentes y explícitas. El grueso, por supuesto es debatible, opinable, cuestionable.

¿Usted comenta con la camiseta? Siempre. Pero el equipo del que soy hincha no juega mejor o peor por eso. Destacar a los rivales, a los buenos futbolistas del contrincante, a la planificación de los técnicos ajenos, es tan saludable como la tolerancia política. Porque uno no deja de sentir lo que siente. Al menos yo soy del Curi, aunque gane.