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Damián Muñoz es uno de los técnicos que llamó la atención en la primera rueda del campeonato. El fútbol que exhibe su Curicó Unido siempre tiene una intención ofensiva, elaboración precisa, transiciones rápidas, exhibiendo intérpretes adecuados. Para los seguidores del deportivo ganar, esos que sólo miden resultados sin mirar partidos, lo del cuadro albirrojo puede que no sea tan destacado, pues termina cuarto en la tabla. Mirando los presupuestos, la historia y el peso de los planteles, lo realizado por Muñoz en la primera parte del torneo es muy meritorio.

Muchos dicen que Damián Muñoz es un entrenador novato y en realidad eso no es así. En el club ha hecho, literalmente, de todo. Fue jugador, miembro del plantel que consigue el regreso del cuadro del Maule a la Primera B tras quince años en el pozo más profundo posible. Fue entrenador del equipo femenino, técnico de las inferiores en todas las categorías, ayudante de entrenadores titulares, interino cuando la emergencia lo exigía y ahora DT titular. Es joven Muñoz, pero no es novato. Esa experiencia de no saltarse ninguna etapa le ayuda a mantener la prudencia en sus declaraciones, la convicción en una idea de juego y la certeza de que lo importante es la carrera larga, a la que aún le falta la mitad de la ruta. Todavía no se consiguen resultados finales, pero sí una identidad.

La historia se cuenta al final, cierto, pero es importante detenerse en los capítulos. Cuando tuvo la posibilidad de dirigir al primer equipo, Muñoz pidió futbolistas que encajaran en las finanzas de un club que no es sociedad anónima. Sin estridencias, sin pirotecnia, lejos de las luces y los focos mediáticos, el equipo ha mostrado el mejor fútbol desde que está en la división de honor y tal vez de su historia. Se los dice alguien que va a La Granja desde 1980, cuando el actual entrenador no había nacido.

El fútbol no es igual para todos. Las expectativas son distintas, las realidades muchas veces no se parecen y los tiempos son particulares en cada historia. Curicó Unido es un club que transitó durante buena parte de sus 49 años de existencia en Segunda o Tercera División. Ascendió el 2008 y bajó inmediatamente. Volvió a subir el 2017 y desde ahí se ha mantenido. Su historia en Primera es corta, quizás por eso los hinchas aún disfrutamos de cada partido, se gane o pierda, simplemente por estar incluidos en la mesa que crecimos mirando a distancia.

Muñoz es hijo de Mario Muñoz, probablemente el dirigente más importante del club. ¿Ganó títulos? No. Es el más importante porque evitó en su momento que el club desapareciera. Su empeño, visión y pasión por los colores del club lo llevaron a cumplir todos los roles posibles en una institución que se estaba cayendo a pedazos. Si Curicó no desapareció fue por su temple. Si Curicó no se convirtió en sociedad anónima fue porque encabezó la resistencia. En ese club se crio Damián Muñoz, quien además de dirigir, es hincha. Por eso cuando lo vemos en la banca, sentimos que es uno de nosotros. Y no tenemos que exigirle nada. Porque ama, sufre, goza y se apasiona de la misma manera que aquellos que llevamos más de 40 años yendo al estadio. Quizás para muchos eso no valga demasiado. Para nosotros es una herencia intransferible.

Para muchos el sueño de su vida es dirigir el Real Madrid, el Chelsea, uno de los grandes. Para Damián era dirigir el equipo del que es hincha, el equipo que su padre ayudó a salvar.

¿Cómo terminará esta historia? Sólo la pelota lo dirá. Pero el camino ya es una recompensa.

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