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En los próximos días quedará resuelta la clasificación, eliminación o repechaje de la selección chilena al Mundial de Qatar 2022. Los duelos ante Brasil y Uruguay son las últimas estaciones de un camino pedregoso en unas eliminatorias que han sido discretas para casi todos.

Seamos sinceros, la clasificación nacional es extremadamente compleja y depende de una cadena de resultados. Sacar puntos en Brasil sería una excelente cosecha y un guarismo inédito: Brasil ha ganado todos sus partidos como local en la clasificatoria. Después no es llegar y ganarle a Uruguay. La Celeste se estará jugando su chance y ha crecido tras la salida de Tabárez y el arribo de Alonso al banco.

Eso si hablamos de matemáticas, porque si hablamos de méritos, de consecuencia en el trabajo, de un procesos sostenido, de una claridad directiva, Chile no ha hecho demasiados méritos para llegar a la máxima cita. Habitualmente los resultados llegan cuando hay coherencia en la estructura, en la triada que no falla: jugadores, cuerpo técnico, directiva. Durante mucho rato la Roja dio palos de ciego, sobre todo fuera de la cancha y eso repercutió en los resultados generales. Sólo la irregular campaña de Colombia, Uruguay y Perú mantienen al equipo nacional con alguna chance de clasificar al Mundial.

La ausencia casi segura de Ben Brereton es una merma importante en una zona donde a Chile no le sobra nada, al contrario, es un sector donde falta demasiado. Ahora que el camino está a punto de terminar, es bueno recordar que uno de los principales conceptos que se repitieron en este proceso fue el del recambio, aquellos jugadores que tomarían el testimonio de la mejor generación de jugadores chilenos de la historia. Muy cerca del final reforzamos que Claudio Bravo, Mauricio Isla, Gary Medel, Charles Aránguiz, Arturo Vidal, Alexis Sánchez han sido titulares indiscutidos. Algunos nombres se han ido sumando, pero pocos se han consolidado. Por lo mismo la inesperada presencia de un inglés hijo de chilena le otorgó una brisa de aire fresco a un plantel que ha costado consolidar.

Clasificar a un Mundial siempre es buenos para todos. Para los que juegan y los que no juegan. Para la industria. Los milagros existen, pero por eso se llaman milagros, porque son excepcionales. La Roja necesita un milagro para clasificar. Pero necesita más que eso para volver a componer una idea clara de lo que se pretende como fútbol chileno y la manera de conseguirlo.