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Solari y la verdad que duele

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Dicen que en Colo Colo no cayó bien una pequeñísima parte de las declaraciones formuladas por Pablo Solari al ser presentado en River Plate. El ex delantero albo, refiriéndose a la realidad con que se encontró en el club, afirmó que “lo viví ya en estos días de entrenamiento, todo es muy intenso a comparación de donde estaba”. En buen chileno, y si así fuera, en el Monumental le están poniendo mucho color. Es solo una frase de todo lo que dijo. Jamás en el contexto general de sus dichos se percibe ni siquiera un atisbo por menospreciar al Cacique. De hecho, la expresión “donde estaba”, a todas luces, se refiere más al fútbol chileno que a Colo Colo.

Lo que hizo el delantero argentino fue revelar, ni más menos, que la verdad. Hacernos los sentidos, porque Solari dejó entrever que las intensidades de juego en la competencia local no dan el ancho es una pura tontera. Ya es una discusión superada, el diagnóstico existe desde hace muchos años, incluso décadas. El tema hoy es qué se hace para dar con la solución. Basta que en los torneos internacionales un club chileno sea sometido a una exigencia de intensidad mayor y la respuesta, claramente, es pobre. Les pasó a Colo Colo y la UC en la Copa Sudamericana, ante Internacional de Porto Alegre y Sao Paulo, cayendo sin apelación en cuartos de final.

Podrán decir que, de repente, observamos partidos en la liga chilena con intensidades parecidas al ámbito internacional. Pero la única forma de constatar esto es contraponer esos desempeños contra rivales de otras competencias. Cuando esto aconteció, los cuadro nacionales no estuvieron en condiciones de conservar la forma de juego durante la totalidad del encuentro. En algunas situaciones, el inicio fue mano a mano contra el oponente. Sin embargo, transcurridos los minutos, lo exhibido se fue aminorando hasta quedar expuestos al control absoluto del rival.

Ahora, una cosa es bien clara. La intensidad no tiene que ver únicamente con la capacidad física de un equipo. Sí, es importante, porque entrega el soporte para conservar el desempeño durante todo lo que dure el partido. Pero la cuestión también es con y sin balón. La continuidad de las acciones técnico-tácticas ofensivas y defensivas adquiere también enorme importancia. En simple, la cosa es correr y jugar. Ese es nuestro problema.

Con esto, tenemos una especie de ‘trauma pelotero’, eso sí. Nos gusta la pichanga, el futbolito, que haya hartos pases. Si podemos llegar con muchos toques hasta el área chica, sería mejor, como si el gol valiera por tres. Hay que ponerle moñito a la jugada, sin estética no vale nada. El que juega simple o los equipos expeditivos son malos, no tienen brillo. Estas apreciaciones moldean también la crítica especializada, entonces si un equipo intenta salir jugando siempre desde atrás hay que destacarlo. Si no está facultado para esto y cada inicio del juego significa poner en peligro la propia portería, qué importa. Esos se van a ir al cielo y todos los demás están condenados al infierno. Bajo este contexto, hablar de que también hay que correr es el peor sacrilegio.

Este pseudo marco teórico nos hace felices en el autoengaño que es la liga chilena. Juramos que la intensidad media de la competencia es suficiente. Nos miramos entre nosotros y nos encontramos buenos o, en el peor de los casos, más menos o menos. Hasta cruzar la cordillera y enfrentar a otros. Ahí queda la escoba, caemos en la cuenta de que claro hay que jugar, pero si no corremos, no tenemos ninguna opción. Los dos mayores equipos de la historia del fútbol chileno, Colo Colo de Jozic y la U de Sampaoli, hacían precisamente eso. Nadie los ha podido superar hasta hoy día.

Solari no ofendió a nadie, dijo solamente la verdad. Cómo algunos colocolinos se van a enojar, por lo que manifestó, el nuevo atacante de River Plate.