Argentina y la dictadura del éxito

Si Argentina le gana a Nigeria puede pasar a los octavos de final de la Copa del Mundo. En otras condiciones sería un objetivo mínimo y provocaría alabanzas. O al menos una dosis de alivio después de una fase inicial llena de interrogantes. Pero el momento de la albiceleste es tan magro que ni siquiera la clasificación salva al equipo de Jorge Luis Sampaoli.

Por años Argentina fue el faro a seguir. Entre 1974 y 1990 tuvo dos entrenadores. César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo. Los dos fueron campeones del mundo. Luego vino Alfio Basile y ganaron dos Copa América. La última data de 1993 y es el último título trasandino a nivel de equipos adultos. En selecciones menores, con Pekerman, Tocalli y Ferraro fueron monarcas de la categoría sub 20. El traspaso a la selección absoluta dio para formar buenos equipos, ser protagonistas y mostrar un estilo. Pero no ganaron. Argentina llegó a tres finales consecutivas. Dos Copa América y el Mundial de Brasil 2014. Pero perdió las tres y a alguien se le ocurrió que eso era un fracaso.

La dictadura del éxito fue mal interpretada por quienes tomaban las decisiones. Consideraron que la historia la cuentan solo los ganadores. Craso error. Dilapidaron lo avanzado, sobre todo en la época de Sabella y Martino.

Y vino la locura.

Por las eliminatorias pasaron tres entrenadores. No hubo una adaptación a las nuevas condiciones. Se consideró que contar con Lionel Messi era suficiente para ganar con el peso de su nombre y de su notable historia. Entraron al Mundial en la última fecha y en la Copa, hasta ahora, sólo han reforzado lo que se ve hace un buen rato. Un desempeño con bajo índice colectivo y construido bajo el alero y soporte del zurdo del Barcelona.

Lo de Sampaoli es un estado de confusión absoluto. Su devoción por Messi le ha jugado en contra el propio jugador. Frases como "no le armé el equipo adecuado a Leo", generan alarma y nos confunden respecto al técnico que conocimos en Chile. En la forma de juego y en su modo de actuar, esta versión deslavada de Sampaoli no se parece en nada al que vimos. A un entrenador lo conocemos por su obra. Ohiggins, Universidad de Chile y la Selección siguen siendo el mejor registro del casildense.

Argentina no es candidato a ganar el Mundial. Nunca le fue, bajo el prisma del análsis del juego. Si podíamos incluirlo por su historia, por su carácter y por Messi. Pero hoy ni con eso alcanza.

Le puede ganar a Nigeria, por supuesto. Y clasificar a la siguiente fase. En las rondas de eliminación directa podría seguir avanzando, por qué no. Tapar bocas dirían algunos. Eso sería, otra vez, un craso error, esos que surgen cuando lo único que importa es ganar, da lo mismo la forma, el cómo, el método. La dictadura del éxito y los ganadores.

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