Estamos bien, en el refugio, los 33

En el último torneo jugaron 18 equipos en la Primera División del fútbol chileno. En la B militaron 15. En total, 33 clubes que no sólo son los protagonistas más relevantes del balompié nacional, sino que son quienes se reparten los montos que otorga el millonario contrato con el antiguo Canal del Fútbol, hoy TNT Sports. Hay movilidad entre las divisiones, por supuesto. Descendieron Coquimbo, Iquique y la Universidad de Concepción. Ascendieron Ñublense y Melipilla. En la B bajó Valdivia y desde la Segunda Profesional subió Lautaro de Buin. Pero siguen siendo 33.

La semana pasada ardió Troya con la propuesta para los torneos 2021, sobre todo en el acápite donde la Segunda División Profesional no registraba ningún ascenso directo. Los dirigentes de estos clubes anunciaron que si la medida persistía no se iban a presentar al siguiente certamen. El sindicato de futbolistas auguró una inminente paralización de sus agremiados. La propuesta incluía que los equipos de la antigua Tercera División tendrían acceso a un medio cupo. Pero las condiciones contra su eventual rival en la B no eran ni de cerca las mismas: la Segunda Profesional es una división sub 25, con una excepción y con la posibilidad de contratar un solo extranjero. Cualquier equipo de la B está en mejores condiciones de afrontar un partido de desempate. Esto es fútbol y, eventualmente, el equipo que proviene de la División inferior puede ganar. Pero las condiciones no son parejas, aunque algunos porfiados no quieran verlo.

Para complicar aún más las cosas, los equipos de la B elevaron una declaración en dónde acusan a la Segunda Profesional de victimizarse, que en los últimos años no han sido los más afectados. Al contrario, aseguran que el Ascenso es la verdadera víctima de las circunstancias, desde el estallido social y el certamen 2019 que no terminó, pasando por la pandemia.

Más allá de las discusiones, hay una pregunta que ronda en el ambiente y que nadie ha contestado.

¿Por qué?

¿Por qué se elabora un torneo sin recompensa deportiva? ¿Por qué los equipos de la B aseguran que ellos son las verdaderas víctimas? ¿La teoría del empate es la forma de sacar adelante este complejo escenario?

¿Por qué?

Al tratar de responder esta interrogante podríamos acercarnos a una respuesta. Las decisiones del Consejo de Presidentes son la verdadera traba en muchos dilemas que suelen azotar la competencia. Es un mundo paralelo. El Consejo de Presidentes cuya fisonomía no ha cambiado demasiado en la última década. El Consejo de Presidentes cuya composición ya no está formada por los Presidentes de clubes. Hoy en el Consejo se sientan los dueños de los clubes. No es lo mismo. El Consejo de Presidentes que arma los torneos, los reglamentos, los estatutos, los permisos, las vallas, los obstáculos. El Consejo de Presidentes cuyo poder trasciende las directivas de Pablo Milad, Sebastián Moreno, Arturo Salah o cualquier otra.

Cuando Sergio Jadue, con la amplia venia del Consejo de Presidentes, inventó la Segunda División Profesional, los clubes debían pagar 50.000 UF como derecho de ingreso. Luego quedó en 24.000 UF. Sólo el Tribunal de Libre Competencia revirtió esa medida. Si agregamos que esta división existe sólo en Chile y no coincide con la reglamentación FIFA, nos acercamos a un auténtico Macondo futbolero.

El Consejo de Presidentes ha resuelto: nadie más juega. El dinero no se puede repartir entre un número mayor. Pueden cambiar las divisiones, uno juega arriba, otro juega abajo. Pero somos los que somos. Estamos los que estamos. En el refugio, los 33.