COLO COLO

“Casi se nos muere”: la infancia sacrificada que forjó a 'Maxi' Falcón, el guerrero de Colo Colo

Su primer entrenador, un compañero y su mejor amigo. Ellos relatan los esfuerzos del defensa uruguayo en Paysandú, su ciudad de origen. A los 12 años trabajó como peón de albañil.

Maximiliano Falcón (23) se pudo perder en el camino. Como tantas otras historias. La necesidad y el abandono golpearon parte de su infancia cuando vivía en el Departamento de Paysandú, a 385 kilómetros de Montevideo. Pero el niño inquieto que hoy conquista a los hinchas de Colo Colo siempre superó la adversidad: la lluvia, el trabajo infantil, la varicela o una desvinculación. Nunca transó su sueño. Es aguerrido, rápido y fuerte. Son las características que han seguido al ‘Peluca’, o al ‘Yoyo’ como lo apodan en Uruguay, durante toda su carrera. Y no es casualidad. Falcón forjó su carácter cuando aún era un niño.

El primer club de Falcón en el baby fútbol fue La Centella, en el Barrio El Puerto de Paysandú. Una zona antigua, y turística. Pero allí duró poco: “Las canchas estaban a unas cuadras de distancia, así que nos tocó enfrentarlo. Él jugaba de cinco y los partía a todos en el medio. Era un tractor. Así que al año siguiente, se trajeron a Maximiliano a Rampla Juniors, donde jugábamos nosotros”, recuerda Eduardo ‘Lalo’ Silva, uno de los compañeros que tuvo Falcón en el segundo club.

“Falcón se hizo hombre a temprana edad”

El actual jugador de Colo Colo recién tenía siete años: “Lo pasábamos a buscar a su casa junto a mi hermano, Carlos Emiliano. Vivíamos cerca. Él era chiquito, morrudo y no tenía pelo”, relata Silva, quien permanece en Paysandú. Aún se escribe con Falcón por redes sociales: “Me mandó un mensaje para el año nuevo. Él no se olvida de nadie, porque tuvo una infancia re dura. Fue muy pobre y muchas veces lo dejaban solo. Se hizo un hombre a temprana edad”.

Stefano Brandi tenía 20 años cuando se transformó en entrenador de Rampla Juniors. Un apoderado le propuso dirigir a la categoría 1997, que estaba sin técnico. Él coincide con Silva: “’Yoyo’ siempre fue humilde en todo sentido, como persona y también por su familia. Él solo vivía con la madre y un hermanito, y eran muy trabajadores. Eso lo llevó a ser una persona respetuosa. Excepto en la cancha, donde era temperamental. Se corría todo”, dice.

Falcón, de negro, juega fútbol en Paysandú.

Una característica de Falcón siempre llamó la atención de Brandi, quien lo dirigió hasta los diez años. “Cuando llovía, yo llegaba a las 17.45 horas y él ya estaba en la cancha. A veces me quedaba un rato más después del entrenamiento y él seguía con la pelota. Es cierto que vivía a dos cuadras, pero nunca faltó”. El pequeño futbolista estuvo en Rampla hasta los diez años. A esa edad, su familia pasó a vivir entre el Barrio Artigas y el Barrio Residencial. Al otro lado de la ciudad. Falcón tuvo que dejar a sus amigos y a su club.

En su nuevo barrio conoció a Sebastián Blanco, quien lo llevó al tercer club de su carrera: Huracán sanducero. Tenían un año de diferencia. “Empezó a ir a mi casa y jugábamos a la pelota todo el día”. Falcón encontró allí una segunda familia. Con ellos cubrió el vacío personal que había dejado la cancha de Rampla: “Estábamos todo el tiempo juntos. Era inquieto. A veces yo me encerraba en mi pieza y él se metía por el pasillo. Se quedaba mirando por la ventana. Parecía un perrito mojado, entonces uno terminaba cediendo. Lo querías o lo querías”.

Una anécdota en ‘El Arroyo’ (desembocadura de río) marcó la infancia de Falcón. Según Blanco, es la historia que refleja su personalidad: “Él siempre decía que era capaz de hacerlo todo. Esa vez fuimos y casi se nos muere. ‘Maxi’ dijo que sabía nadar y se lanzó. Nadie le había enseñado. Pero el agua es traicionera, corre y corre. Se empezó a desesperar y nos preocupó a todos. Mi padre se tuvo que tirar como loco para salvarlo. Después, cuando quedó libre de Nacional, le dije que no se asustara y le recordé esa anécdota. Él no para hasta conseguir lo que quiere. Si tiene que chocar con una pared, se lo va a proponer y la va a romper”.

Maximiliano Falcón, el peón de albañil

En Huracán tomó protagonismo rápidamente. Pero a los 12 años hubo un nuevo giro en su vida. Su familia volvió a El Puerto y Falcón dejó el liceo para ayudar a la pareja de su madre. Fue peón de albañil. El mismo jugador lo contó años más tarde en Ovación: “Acarreaba baldes de arena, me enseñaron a hacer mezcla y alcanzaba los ladrillos. Después, caminaba 50 cuadras para ir a entrenar (en Huracán)”. El esfuerzo y sacrificio lo comenzó a agotar poco a poco.

Blanco lo recuerda así: “Tampoco es que armaba un edificio, pero tenía voluntad (ríe). Maximiliano tuvo que hacerse fuerte, por las circunstancias de la vida. En un momento tuvo que dejar el fútbol, justo cuando iba a dar el salto a cancha grande. Mi padre (Gonzalo, del mismo apellido) lo fue a buscar y lo llevó otra vez a Huracán. Nosotros le veíamos condiciones y queríamos que jugara al fútbol. Cuando eres humilde, es muy fácil perderte o irte para el lado malo. No queríamos que él corriera el riesgo”.

Falcón jugó varios años en Huracán.

El defensa volvió a Huracán a un mejor nivel. Rápidamente se ganó la capitanía y a los 14 años finalmente debutó en Primera. El club era uno de los más populares de la ciudad. Allí se desempeñó por un largo tiempo y se ganó un lugar en la Selección de Paysandú. Nacional lo captó justamente en ese grupo y lo llevó a Montevideo para realizar las inferiores. Allí volvió a estudiar, y allí, incluso, se ganó una citación a la Selección Sub 20 de su país. En la capital, además, recibió el apodo que lo acompaña hasta hoy: Peluca.

¿Por qué 'Maxi' Falcón se dejó crecer el pelo?

En su infancia, Falcón era calvo. Así lo reflejan las imágenes que guardan sus amigos. “La madre le pasaba la maquina a cero cuando el pelo le crecía un mínimo”, recuerda Blanco. ¿Qué razón lo llevó a cambiar su look? Su mejor amigo lo explica con risas: “Cuando fue creciendo y quería tener novia, se dio cuenta que era horrible y con los rulos disimula un poco. Pelado, pierde todo”. A los 14 años dejó de cortarse el pelo.

En Montevideo siempre tuvo el cabello largo, hasta que vivió la tradicional “iniciación” en una participación con el primer equipo. Una anécdota que sirvió poco, si se considera que Nacional optó por desvincular al futbolista poco tiempo después. Una discusión con el entrenador de Tercera, y dos enfermedades, sepultaron las opciones de continuar en el club.

Falcón juega en un día de lluvia.

Falcón se contagió de varicela, y después de paperas: “No podía ni dormir y tenía mucha fiebre. No se lo deseo a nadie. Estuve mucho tiempo fuera, engordé y bajé mi nivel”, recordó el propio Falcón años después. El retiro era una opción. “Fue bravo, complicado, pero le trancó a todo. Tuvo una baja de ánimo, hasta que se las arregló. Siempre sale de apuro”, recordó Blanco. Otra vez resurgió, como en la época de trabajo, o como en el cambio de barrio. Falcón probó suerte en distintos equipos, hasta que llegó a Rentistas, donde fue campeón. A comienzos del 2020, en el debut del club en la máxima categoría, le anotó un gol a Nacional en el Centenario.

En menos de dos años, Falcón pasó del rechazo a ser una de las figuras del fútbol chileno. El pasado fin de semana destacó en el Superclásico. En su entorno no se sorprenden. "Yo le digo que va a estar un año en Chile y se irá a Europa”, dice Silva. Blanco también es optimista: “Antes de irse a Chile, se había propuesto romperla en Colo Colo y lo está haciendo”. Es la confianza que tienen en Paysandú por el futuro de Maximiliano Falcón, un niño humilde que se transformó en esperanza del fútbol uruguayo gracias a la identidad que moldeó una infancia difícil.

Su mejor amigo aún conserva la camiseta de Huracán.