SELECCIÓN CHILENA

La Roja de Rueda y Lasarte: el cambio que consolida el DT uruguayo

Tras seis partidos bajo su conducción, la escuadra nacional ya evidencia rasgos de juego que le dan el sello del charrúa y la alejan de su antecesor.

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La Roja de Rueda y Lasarte: el cambio que consolida el DT uruguayo
Aton/Chile

Chile aseguró su paso a los cuartos de final de la Copa América, luego del empate 1-1 ante Uruguay en Cuiabá. Ahora, al cuadro dirigido por Martín Lasarte le queda por dilucidar cuál será su ubicación final en el Grupo A, cuando enfrente esta noche a Paraguay en el cierre de su participación en la primera fase del torneo. Seis son los encuentros que ha dirigido el reemplazante de Reinaldo Rueda, registrando dos triunfos (ambos ante Bolivia, en la Copa y en el amistoso en Rancagua) y cuatro empates, y su gestión comienza a marcar un distanciamiento futbolístico respecto de su antecesor en el cargo.  

Flexibilidad posicional

A estas alturas de su labor, Lasarte ha empleado cinco sistemas de juego desde el minuto inicial en la Roja. Todo partió con el esquema 1-4-1-2-3 en El Teniente contra los bolivianos y las variaciones acontecieron en los duelos oficiales. Empleó las organizaciones posicionales 1-4-4-2 ante Argentina y 1-3-4-3 contra Bolivia en Las Eliminatorias. Las modificaciones continuaron en la Copa América de Brasil: volvió al 1-4-1-2-3 frente a los trasandinos, luego pasó a un 1-4-2-1-3 ante los altiplánicos y este lunes Chile se dispuso en la cancha con un 1-3-4-1-2 contra Uruguay.

Rueda fue mucho más cauto en la diversidad posicional. El sistema de juego madre del DT colombiano fue el 1-4-1-2-3, aunque en algún instante experimentó con tres centrales, como ocurrió en un amistoso contra Estados Unidos y en algunos duelos de la Copa América pasada. Sin embargo, el eje de su gestión fue la línea de cuatro en defensa, un mediocampista central junto a dos volantes mixtos y los tres hombres en el ataque. Hoy, las variantes en el orden posicional de Chile es la tónica.

Propensión al juego directo

Solo en los minutos iniciales del partido contra Uruguay, la Roja arriesgó con salir jugando desde la última línea. Después, todo fue juego directo, incluso en la reanudación de las faltas a su favor en las cercanía de la portería de Claudio Bravo, con el arquero ejecutando los fouls incluso desde afuera del área penal. Estas situaciones fueron la concreción de la tendencia que hoy exhibe Chile hacia mayores cuotas de Ataque Directo entre las formas colectivas ofensivas utilizadas por el equipo. La escuadra nacional no ha perdido la intención de ejecutar también el Ataque Construido, pero sí se constata una evidente alternancia entre ambas fórmulas.

Durante la etapa anterior, la predominancia del juego asociado era mayor en la escuadra nacional. De hecho, en algún instante surgieron algunos cuestionamientos por sacrificar ritmo de juego en pos de un fútbol más atildado y preciso, con el balón mayor tiempo a ras de piso y circulando a través de las tres líneas del equipo. Actualmente, el combinado nacional procura ser más directo y vertical durante los momentos de construcción de juego.

Importancia de los laterales

Que la Roja haya actuado con tres centrales, refleja la intención de Lasarte de darle un mayor peso ofensivo a la proyección de los laterales. Mauricio Isla y Eugenio Mena han cumplido una labor destacada como agentes de amplitud de juego (abriendo la cancha esencialmente en la zona media) y asumiendo el rol de punteros en la fase final de la construcción de la maniobra ofensiva. Su labor ha contribuido a incrementar el volumen de ataque de Chile, que ha sido una de las falencia desde hace un buen tiempo.

En la gestión de Rueda, el funcionamiento de los laterales se daba en la fórmula clásica de una línea de cuatro integrantes en la defensa. De todos, quien más pasaba al ataque era Isla, pero sin las libertades de la actualidad. El peso de la gestión ofensiva recaía en los tres hombres de ataque y en las rupturas de los volantes, sobre todo de Arturo Vidal desde el mediocampo.

Delantero fuerte

Con solo dos partidos disputados, Ben Brereton ha justificado plenamente su sorpresiva inclusión en la Roja. Lasarte confía en el chileno-británico y este respondió con el gol del triunfo ante los bolivianos y una asistencia frente a Uruguay. Pese a que es un delantero con mucha movilidad y que puede actuar también por las puntas, su presencia ha permitido reeditar la gestión del delantero fuerte en Chile. El cuadro nacional no contaba con un hombre de ese perfil (Mauricio Pinilla fue el último) y era un necesidad que debía satisfacer con urgencia.

La gestión de Rueda no incluyó a un atacante de similares características. No fue por decisión del DT, ocurrió porque la Roja adolecía de un atacante de ese tipo. El asunto era evidente y, por lo mismo, el propio colombiano fue el gran artífice de la incorporación de Brereton, contactándolo e instándolo también a gestionar la nacionalidad chilena para sumarse en algún momento al plantel.